¿Qué actitudes le pica?
Me pica la novelería, la desinformación, el borreguismo y el aletargado silencio de los que no se atreven a gritar.
¿Cuándo se enoja, con qué animal podría sentirse identificado?
Con un ser humano.
¿Se ha preguntado cuál es su misión aquí en la tierra?
No creo en las misiones divinas, creo en la lucha diaria por la transformación de la normalidad.
¿Dónde está su arte?
En la cercanía que siento al ver lancear a un toro cadenciosamente, mi arte es desgarrarme la garganta y corear un olé.
¿Instinto o Intuición?
Instinto.
¿Qué le dice esta frase: “Jugar con la muerte para entretener a la vida”?
Me suena a dos cosas.
1. La racional y a la vez loca decisión de un artista por dejarse la vida en su obra.
Y
2. La canción “Contigo” de Joaquín Sabina que dice:
“Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.
¿Quién es el showman que Usted más admira?
Al capitalismo.
¿Cuál es la causa de su rebeldía?
La realidad en la que vivimos. El mundo de los toros se revela ante ella y en una demostración de desafío a la normalidad busca crear arte desde la templanza de un ser humano dispuesto a encarar la violencia de un fiero animal al dibujar estética en ese encuentro mágico.
¿Qué planes tiene para el Feriado por la Independencia de Quito?
Desde niño espero a diciembre con ilusión, antes por los regalos de navidad, hoy por ver un toro de Santacoloma embestir o a Morante bordar una media verónica en el aire que llenen de aire mis pulmones para soportar la cotidianidad el resto del año.
¿Soho en New York o El Parque del Retiro en Madrid?
Quito en invierno, el Retiro en Primavera, Guayaquil en verano y Soho en Otoño. Esa sería una vida casi ideal.
¿O el sol o la sombra?
El sol para el Torero que da la cara y se juega la vida y para el toro que da lecciones de dignidad y nobleza; la sombra para quienes carecen de información y atacan lo que para muchos de quienes Somos Ecuador es una forma de comprender la vida.
¿Primero Dios y después…?
Primero Dios y después Vos…regresando a la pregunta pasada, en otoño hasta cambiaría algunos años Soho por el Barranco de esa Cuenca tan querida –aún cuando tenga esta frase en su escudo-.
¿Cuándo alguien no comparte sus ideas, las respeta, o trata de influenciar hasta que lo entienda?
Intento ser muy fuerte con las ideas y respetuoso con las personas. Creo que la base de la vida está en el respeto y en la libertad. Son dos palabras que se construyen a diario y se pelean-como los toros bravos en las plazas de toros- hasta morir.
¿Si tuviera que ponerle un soundtrack a su vida hasta el momento, qué canción pusiera al final?
La cigarra del Camarón de la Isla:
“Porque la vida, la vida, la vida es,
es un pasatiempo la vida, la vida es”
¿Si tuviera en sus manos (por regalo) las entradas más caras del mundo para un show que no le gusta, y las pensara revender, de qué show sería, las revendería o no?
Las revendería para comprar cientos de entradas a los toros, para con ellas invitar varios amigos antitaurinos que por no haber vivido la mística experiencia de una corrida de toros, creen las mentiras que suelta alguna gente de mala fe.
¿Se ha sentido amordazado alguna vez?
Ni lo he sentido, ni lo permitiría.
¿Qué libro está leyendo hoy?
Cada diciembre, Pedro Salinas me llama desde una polvorienta esquina de mi vida.
¿Se ha sentido en el ruedo alguna vez?
Tengo el privilegio de haber vivido dentro de dos ruedos en mi vida. He toreado tan bien como esta generosa vida me lo ha permitido y he hecho política activa. El mundo de los toros me ha enseñado que la única manera de descansar tranquilo cada noche es entrando al ruedo día a día, para dar la cara y abordar los dilemas que nos trae la cotidianidad de poder a poder.
¿Cuál es la diferencia entre el amor y la pasión?
Para mí el amor sin pasión es una mentira mal contada y la vida sin toros una broma de mal gusto.
¿Cómo es su lado humano?
Profundamente animal.
¿Y su lado animal?
Lamentablemente humano.
¿Iphone o BlackBerry?
Iphone, sin ninguna duda.
¿Por qué cree que Luke Sky Walker, no acepto a Darth Vaider el ofrecimiento de tener todo una galaxia?
Porque el Darth Vaider, a pesar de ser el mejor villano de todos los tiempos,-acaso exagero cuando pienso en el guasón- no se tomó el tiempo de contarle la película completa.
29/10/09
10/10/09
el toreo como razón de vida


Un torero de aquellos que por su excesiva calidad y arte ha tenido mala suerte en el mundo del toro, decía hace días refiriéndose al embate cntra nuestra fiesta que nosotros no defendemos una forma de susistencia sino una razón de vvir.
Señalaba al Funcionario Público y le explicaba que por comer o dar de comer a sus hijas podría robarle la billetera, pero para vivir, para tener una razón para seguir despertando el mundo taurino era indispensable para muchísima gente.
Me encontré con esta fotografía en la web y me acordé de él. Pongo la foto y una de sus mediasverónicas
El pecado del aficionado práctico





Miles de las personas que se dejan la vida para ver un lance morantezco o un natural manzanereano, sueñan en las noches con algún día de inspiración, suerte y estrellas alineadas, torear para sí y para un público benevolente.
Es por eso que callan, callamos, críticas a toreros descruzados, acobardados, rajados por completo, ya que ellos mismos se ven, nos vemos, en esas piernas corriendo del toro y no en las quietas que desafían la gravedad cuando pasan cerquísima las embestidas.
He visto en las últimas semanas a varios puñados de esos aficionados prácticos que han esbozado sueños en una placita de toros de la sierra ecuatoriana. Más que los lances, los muletazos, las espadas y sus fallos, me quedo con sus rostros, con los cinco minutos de gloria eterna que llevaban en los ojos. Me quedo con sus ilusiones diciéndoles que estaban en Madrid, ante un Adolfo o un Victoriano del Río y que tenían al 7 de su parte.
Me gustará poner fotos de sus gestos, de sus alardes de valor o detalles de calidad. Me gustaría que ustedes los habrían visto, pues en ellos me encontré con los vestigios de afición en estado puro que quedan en la lejana américa taurina.
Los becerros, que eran erales con doscientos cincuenta kilos y pitones recién nacientes, eran vistos como fieras de seis años. Los aficionados que llenaban los tendidos y que llegaban a los quinientos en el mejor de los éxitos, eran percibidos como decenas de miles. Los elogios, que eran tan familiares como amistosos, eran sentidos como espontáneos. Los mulilleros, que eras niños, hijos, sobrinos, hasta nietos de los alternantes, iban tan elegantes como en Francia; y los Presidentes, que eran viejos aficionados, curraban su puesto como quien decidiría la vida y el futuro de los alternantes.
Alguno, con corto café claro, se dejaba los huevos en la cara del toro, dando la cara como torpe novillero buscando profesión y pan. Otro, más gordito, de azul y añil, sacaba la boca, como aquel que dice aquí estoy, mátame si te quedan fuerzas. Alguno, flaco y de hechuras, con años encima, dejaba detalles de los años pasados en el caminado en la cara del becerro, solera pura. Un moreno, provinciano en el hablar, remataba amorantando su imaginación y otro niño rubio imaginaba pisar los terrenos del soñado tomás. Ninguno lo hizo, lo haría, pero no importaba, lo creyeron y lo creímos por verlos metidos en el personaje de turno.
La gente gozaba. Miraba a su marido, amigo, primo, conocido o enemigo callar la boca en los tendidos y dar la cara en la arena. Gozaban al cerciorarse de que cuando hablan sin parar en la grada de la plaza grande lo hacen con el respeto por los que se ponen en la cara de los de verdad.
Esto es el toreo: locura, desmesura, afición apasionada y ciega, emoción inexplicable-por vana, por absurda, por sinsentido-.
Fue un ejercicio de constricción: Viajar a una hora de la capital, tragarse becerrotes por toros, aficionadotes por toreros, familiarotes por público.
Fue ser taurino, en su pureza íntima.
Fue ir y confesarse con el predicador del toreo y decirle, sí he pecado, no gritaré más sandeces desde la grada, me callaré, pensaré en cuando no fui capaz de medio paso más en la cara del becerro, cómo le grito al que no lo hace en cara de un toro en serio. Tres avemarías a frascuelo por despuntar; cuatro salmos bien repetidos -los que yo escoja de entre los que escribiría el rey David- por no mecer las manos con la capa; cinco padrenuestros a lagartijo por pinchar tatas veces; y quinientos angelitos de la guarda por los días de miedo antes de torear.
Había una capillita con solera, abandonada como todos los compromisos cristianos que se precian, los premios a los triunfadores eran vírgenes quiteñas, de esas que pisan serpientes. Ojalá y esas vírgenes existieran, fueran las madres del mesías, ese mesías fuera taurino y nos perdone por esta locura taurina que se expresó de inicio a fin en media serranía ecuatoriana estos últimos días.
08/01/09
zapatos por almohadillas



Por Nochetriste
En lugar de almohadillas echaron zapatos.
Emulaban a aquel desalmado que osó tirar un zapato al peor político de todas las vidas. Entre sus enormes guardaespaldas, camuflajes, asesinados por miles impunemente, quiebras económicas del mundo; un periodista iraquí le tiró primero un zapato y luego el otro.
Como si no tuviera prisa lo hizo con desalmada calma, rodeado de pirámides humanas que escoltaban al bobote imperial presidente, hizo dos lanzamientos que por la ejecución demostraron talento y preparación.
Yace preso, dicen que quince años, pero vive en miles que obtuvimos siglos de libertad.
No sé su nombre, eso es injusto y acaso poco serio, pero me niego a aprender esas sílabas extrañas al idioma romance que practico, no por sectarismo lingüístico, sino porque su anonimato me encanta .
Tengo aún ese viso de ingenuidad romántica que cuenta que los nombres no cuentan, que regresa la vista a ese enorme valiente que puso su cuerpo en la plaza de Tian An Men, que no quiere saber sus meros datos identitarios, porque sobran frente a la imagen de un desconocido desafiando una mole metálica propia de esta pútrida modernidad.
Ya no hay anónimos cambiantes de vidas, ya no espontáneos que bajan la mano despacio mientras los policías- paralelo a la seguridad del bobalicón presidente- corren en valor de su aprehensión. Los extraño, porque me emociona la sola idea de la muleta guardada entre la ropa para que nadie se percate de su intensión; me pone nervioso el solo ponerme en sus zapatos cuando ve un toro embestir y un torero negársele; me alucina imaginar el salto desde la barrera, el cruzársele al de luces y dejar en los aficionados la ilusión de poder ser ellos mismos.
Pero ya no los hay.
Acaso, quince años más tarde importamos al enorme iraquí y le pedimos devolvernos la historia, la rebobinamos y le damos significado a las pupilas de los entonces rebeldes político- taurinos que vean muletazos zurdos a una historia por lo demás aburrida.
25/12/08
Navalón, el mejor de los taurinos



Por nochetrsite
Recuerdo al Navalón que se metía con la vida de los toreros, al que se burlaba de la enorme mayoría de taurinos y al que cada día iba perdiendo la esperanza en el mundo de los toros, que un día conoció o imaginó.
Imagino a quien escribió “El viaje a los toros del sol”, no porque haya frecuentado su vida entonces, sino porque lo he releído tantas veces que siento haber compartido con él los viajes por España entera, hablando y toreando becerras con los ganaderos soñados y extintos de sus páginas.
Sé de la tarde después del rabo de Palomo cuando los aficionados de verdad de Madrid le dieron la espalda a la pantomima del día anterior por un artículo suyo; de su salida a hombros a volandas de los mismos aficionados de la Plaza de toros de Las Ventas por la verdad que devolvió a una fiesta, entonces y hoy, venida a menos; de aquella anécdota que contaba que Antonio Ordóñez de luces y en feria, en acto de malaleche le tiró la muleta en una plaza del norte para que haga con los avíos de torear lo que decía con su pluma, y me regocijo al contar a taurinos y marcianos (Aute dice que el mundo se divide entre taurinos y marcianos) que un hombre con canas en las sienes tomó la muleta, por la izquierda que era el pitón por el que el gran Antonio no había atinado ni un pase, le pegó dos tandas y el de pecho y le devolvió la roja tela sin palabras aclamado entre aficionados que desconocían lo que sucedía en el ruedo.
Conocí al viejo Navalón, en una y muchas escapadas a América, justo cuando España le dio la espalda, cuando el mundo de los toros en Iberia desterró de sus páginas al más grande escritor taurino. Entre la amargura y el humor, reconocí a quien iluminó la fiesta más grande del mundo, a puntea de cantarle verdades al entonces toreo de becerros desmochados que tenía más de pantomima que de ceremonia, más de dinero que de mística, más de saltos y velocidades que de cadencia y despaciosidad.
Él fue uno de quienes devolvieron al mundo de los toros su esencia, pero como buen revolucionario fue expulsado por los mismos que lo cargaban a hombros pocos años antes. Renunció al exilio, pero respiraba hondo cuando salía del refugio en sus tierras charras.
Hoy, cuando leí a Rosa Jiménez Cano recordarlo y cuando recordé las letras que ella le dedicó al morir, me cago en su vagancia maldita que nos privó de muchos más libros, y lo abrazo desde lejos, porque aún cuando amó las tierras americanas, seguro escogió el descanso eterno cerca de su amigo Julio – de quien escribió como nadie más, solo les pido leer cada una de sus letras antes y después de su tragedia-, en esa Salamanca eterna que debería sacar el rostro del tirano Franco de su plaza Mayor para poner la de Alfonso Navalón en honor a un gran Salmantino y mucho más que eso al mejor de los taurinos.
Alfonso eterno,
Nochetriste
21/10/08
Los taurinos somos zurdos



Por Nochetriste
Un viejo torero ecuatoriano me decía hace años, cuando yo mismo transitaba la ilusión de vestir de sangre de toro y azabache, que hay tres profesiones que salen de este mundo, los sacerdotes, los guerrilleros y los toreros.
Un amigo guerrillero, que ya no visita las plazas de toros porque su hija es ambientalista ni porta armas porque cree en la vida y no en la muerte me decía que mientras cruzaba balas con enemigos en selvas lejanas, pensaba en las chicuelinas de Camino o en los pases de pecho de Manzanares.
Un cura, de aquellos que creyó en la causa de los pobres y lleva por apellido al astro que acompaña en las noches a los poetas, toreaba de joven hasta que su dios lo separó de las sensaciones de muerte y de vida, de carne y pasión.
¿Cuantos seres en este mundo son capaces de dejarse matar por lo que creen, sueñan, o sienten? Muchos van por la vida dispuestos a matar, eso es sencillo, ya ni hay que desarrollar habilidades de fuerza o talento, sino tener la capacidad de mover un dedo, para disparar o activar aparatos que podrían estar a miles de kilómetros. Pocos ponen el pecho a las balas, las piernas a los pitones el celibato a las ansias sexuales, ¿o no?
El toreo al natural es tan profundo como la revolución. El torero, ser fuera de este mundo que es capaz de crear arte aún exponiendo su vida, es un animal en permanente extinción que deja en el paladar de los espectadores, entre sangre y seda, el sabor a pólvora disparada por propios ideales. Si no se convencen, regresen a Tomás en la ventisca del Isidro del 2008, no a sus formas, a sus manos, a su cintura sino a su rostro, a sus gestos, a la impavidez que espanta. A la quietud que desvive en correr la mano con el corazón dispuesto a la muerte. Como los samuráis que pelean tranquilos y felices porque pelean contra ellos y conscientes siempre de que la actitud es pelear conscientes de que la muerte sería un honor.
¿Qué sería del mundo de los toros sin los naturales espásmicos de Tomás en Madrid el 5 de junio, como de la historia sin la foto del Ché muerto-mesías entre enemigos cobardes?
¿Qué de del toreo gitano del Paula sin Bergamín –intelectual de una izquierda que no abandonó la lucha aún en años de fascismo-cantando su música callada del toreo o del arte sin Picasso y su Guernica dejando toros en las pupilas del último ser humano de esta tierra?
Algunos ingenuos relacionan al toreo con la derecha al ligarlo con los aficionados de trajes de seda que pueblan los tendidos para ser vistos y no para ver nada. Esos son espectadores tan perdidos como los chinos que van a Madrid en verano, ni taurinos, ni aficionados, maniquíes deformes que visten colores.
Los taurinos somos los que soñamos con morir entre los pitones de un toro, aún si no podemos hacerlo. Los que vamos a general si no nos alcanza pero sentimos antes de ver un toro la sensación antes de la muerte, el éxtasis o la dicha; los que le bajamos la mano a la vida porque la queremos cambiar, porque queremos que meta la cara y se vaya lejos y mire a los de abajo intentando que suban.
Cuando me decía el viejo torero lo del cura, el guerrillero y el torero, se veía cura, se miraba torero y soñaba ser guerrillero. Los tres de los que hablaba son los zurdos que dieron significancia y significado al idealismo; los que construyeron el camino para que la revolución sea un camino y los que sumaron feligreses, rebeldes y locos aficionados a mundos distintos que construyen desde la izquierda una realidad más igualitaria, solidaria y feliz.
19/04/08
El pútrido mundo que rodea los toros, Los toros y su valor para el mundo


Por Nochetriste
Envidiosos, mentirosos, celosos, limitados, soquetes, miopes, sordos, ignorantes, insensibles, corruptos, engreídos, pretenciosos, sinvergüenzas, hombres, todos hombres, ninguna mujer; peseteros, sucreteros, secreteros, secretarios, lambiscones, lameculos, esbirros, tantos y tantos tontos esbirros; mansos, descastados, rajados, bruscos, toscos, cobardes; ostentosos, derrochadores, putas modas; tremendistas, populistas, clientelares, asistencialistas; excluyentes, misóginos, homofóbicos; vivarachos, mentirosos, sucios, hipócritas, crueles; derecha, conservadores, casi todos curuchupas; viejos, muy pocos jóvenes, casi ninguno, anquilosados, dogmáticos, irracionales, arribistas, aprovechadores, tantos y tantos egoístas, tanta y tanta injusticia.
Matando morir muriendo; lentitud, temple, torería; cultura, letras, música, armonía, ritmo, compás; bravura, calidad, nobleza y buena clase; estética, feminidad, feminismo; sangre derramada, arte derramado, valor derramado, todos derramados en olés sonoros; esfuerzo, pasión, dolor y triunfo; verónicas a la vida para seguir toreando, viendo torear, sintiendo el toreo; complicidad con la pobreza y arrimones a la riqueza; señorío, dignidad, afición, loca y apasionada afición; niños jugando al toro, niñas queriendo ser toreras; viejos viviendo del toro, toreando las necesidades, felices por su coherencia de vida; verdad, puntas, riesgo, muerte y vida, muerte y vida, no importa mientras sea viendo -sintiendo -toreando toros; naturales, zurdos, izquierda, revolución, política, amistad, lealtad, emancipación, igualdad; soñar toreando para torear- y vivir- o vivir – y torear- como se sueña.
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